16-05-2018
Dividir para desestabilizar. Nuevos elementos sobre la táctica híbrida usada para minar la democracia estadounidense.
Pablo A. Mazurier
Recientemente el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representates de los Estados Unidos ha puesto a la luz más de 8 gigas de publicaciones realizadas y viralizadas por IRA (Internet Research Agency), la agencia de publicidad vinculada con el gobierno ruso. Este material comprende unas 80,000 publicaciones en Facebook y 120,000 en Instagram, durante los años 2015, 2016 y mitad de 2017 y se cree que contribuyó con el triunfo de Trump sobre Hillary Clinton.
La estrategia principal del IRA era explotar al máximo las divisiones ideológicas y raciales presentes en el seno de la variada sociedad estadounidense. Con ello exacerbaron los ánimos en ambos bandos, generando así una idea de indefensión social que claramente daba la razón y beneficiaba al mensaje disruptivo de las posiciones republicanas que buscaban acabar con el status quo instalado en el poder central durante los dos períodos presidenciales de Obama. Para lograrlo, los medios pro-rusos se valían de varias tácticas que ocultaban su verdadera identidad y mejoraban la visibilidad de sus mensajes.
Asimismo, buscaban filtrarse en los debates sociales para radicalizar posiciones y así lograr mejores beneficios. Esto se llevaba a cabo, por un lado, a través de la creación de Perfiles de clara tendencia nacionalista, como "Being Patriotic", "American.made", "U.S.A.Daddy", "Stop All Invaders", entre muchos otros, cuyo objetivo principal era crear preocupación por la inmigración, la inseguridad, la delincuencia, el terrorismo.
Por otro lado, se utilizaban también mensajes y perfiles específicos y radicalizados de grupos sociales minoritarios, como los grupos de blancos sudistas ("Heart of Texas", "Southern.rebel.pride"), los que apoyan la portación de armas ( los grupos pro-afroamericanos ("Blacktivist", "Black Matters"), los grupos musulmanes ("United Muslims of America"), grupos LGBT ("LGBT United"), grupos de trabajadores ("Mineros con Trump"). De este modo, cada microgrupo aportaba una opinión "positiva" desde su propia perspectiva; es decir, no apuntaban a criticar o acusar a ningún otro sector.
Los trolls rusos compraron avisos y planes de publicidad de Facebook e Instagram, potenciando los efectos de su estrategia gracias a las herramientas de micro-targetting, big data e inteligencia artificial de las redes sociales. Conjuntamente con estas ventajas digitales, desde un punto de vista psico-social, el truco estaba justamente en reforzar la radicalización de cada grupo, exponiendo las diferencias y prejuicios sociales, acusando a la "corrección política" del establishment por ser ineficaz en combatir al terrorismo y la inmigración, y, en consecuencia, aumentando la polarización social general. Todo ello calentó aún más el debate presidencial y, de la mano de una escalada de la retórica hostil, se dejó prácticamente fuera de juego a todos aquellos candidatos e plataformas electorales que proponían soluciones sociales basadas en el diálogo y en un mejor entendimiento entre los diversos sectores de la plural sociedad estadounidense. Lo importante no pasó ser el contenido del mensaje, sino la fuerza de su forma. Y es justamente así cómo Trump logró invisibilizar su mayor debilidad y poner de relieve la simpleza y eficacia de su mensaje.
Facebook e Instagram confesaron en octubre pasado que no tenían ni siquiera un dato preciso de cuánta gente había sido alcanzada e influída por los mensajes de IRA. Si bien en un inicio Facebook se mostró reticente en colaborar con información sobre los servicios contratados por IRA, frente al Congreso de los Estados Unidos, Facebook declaró haber borrado 170 cuentas que respondían directa o indirectamente a los trolls rusos.
Éste se ha demostrado el talón de Aquiles de la democracia. Y no es algo que haya pasado sólo en Estados Unidos. A ello le siguió el Brexit y otros muchos casos en Europa. El gran desafío, desde un punto de vista semántico, comunicacional y politológico está vinculado con la capacidad de identificar y contrarrestar estas campañas provenientes de agentes extranjeros, lograr balancear la libertad de expresión con la responsabilidad en la cohesión social, reforzar la correcta percepción ciudadana y mejorar la atención de la opinión pública sobre los valores que están en juego. Éste es el gran desafío de las sociedades democráticas actuales.
Referencias:
https://democrats-intelligence.house.gov/facebook-ads/social-media-advertisements.htm
https://www.infobae.com/america/eeuu/2018/05/11/asi-son-las-publicaciones-de-facebook-e-instagram-que-muestran-como-operaron-los-agentes-rusos/
https://www.infobae.com/america/eeuu/2018/03/09/facebook-no-sabe-cuanta-gente-siguio-a-los-trolls-rusos-en-instagram/